MerylRectWM

La naturaleza del hecho teatral tiene que ver con impactar al espectador, ya sea a través del argumento, la belleza de la propuesta, lo provocador, el entretenimiento, la novedad o el reflejo de lo cotidiano. La mayoría de los que nos dedicamos a esto, lo hacemos porque un día una función, película, canción, danza o expresión escénica nos tocó en un sitio profundo que nos hizo confiar en el arte para ser mejor persona. Nos pasamos años estudiando técnicas con la esperanza de que nuestras voces y cuerpos estén trabajados y disponibles para cualquier situación y personaje. Leemos libros de gurús que nos recuerdan lo sagrado del acto teatral y la profundidad de la conexión con los compañeros y el público, así como la importancia del juego y la libertad. Pero ningún virtuosismo técnico per se es interesante si no nos atraviesa y nos emociona. La mayor dificultad de este arte está en poner todo eso al servicio de la humanidad enorme y sencilla que entrañan las situaciones dramáticas. Y eso, sin una comprensión honesta, consciente y compasiva del ser humano que somos, es imposible. Todos tenemos una historia fascinante y/o terrorífica en nuestra propia vida, y eso justo es lo que nos capacita para entender las demás. Estar dispuestos como creadores a dejarnos atravesar por la propuesta, regalando lo que de nosotros haga falta, es la mejor manera de conseguir que el ritual teatral funcione.

Siempre creo que el nuevo proyecto en el que me embarco, es el que mejor me viene en ese momento de mi vida. Vivo así los trabajos porque creo que sólo si me permito descubrir nuevas facetas mías en cada nuevo personaje y me dejo modificar por la nueva información, soy capaz de colocarme al nivel del público y no por encima ni por debajo. No me gustan las propuestas que aleccionan, sino aquellas en las que una sale comprendida, esperanzada y alentada. La verdad, organicidad o verosimilitud tan ansiada, es imposible sin una buena dosis de humildad, generosidad y perspectiva. Sin menospreciar ninguna técnica o escuela, creo que lo que eleva cualquier trabajo interpretativo a la calidad de “arte” tiene que ver con la fascinación por el ser humano y sus recovecos, empezando en una y acabando en el espectador más remoto.

(Publicado en la Revista Godot. Octubre 2014)