Nat&ClintRectWM

 

Hace poco me llegó un video en el que a Clint Eastwood se le pedía un consejo para los actores y él decía: “keep your eyes open, your big mouth shut up”, algo así como “mantened los ojos abiertos y cerrad la bocaza”. Al principio me reí y dije qué bueno, pero al rato noté que estaba enfadadilla por dentro, como si me hubiesen insultado un poco. No es nueva la sensación, he oído cosas parecidas de otros directores, incluso he conocido gente que cree que los actores deben ser un poco “tontos” para poder obedecer. La punzada que noto cada vez que oigo algo que tiene que ver con que la opinión del actor sobra, o que somos unos pesados con tanta pregunta, es dolor señoras y señores. Dolor porque siento que a la niña creativa que está en marcha y buscando, se le da una bofetada para que no moleste a los mayores. La obediencia parece estar muy valorada en nuestra profesión; sin embargo, la obediencia absoluta nos convierte en ejecutores, no en artistas. Conozco demasiados casos de actrices y actores, yo incluida, que hemos estado tan pendientes de averiguar lo que se quiere de nosotros, a nivel de dirección, producción, guión, maquillaje, etc., que nos hemos olvidado de que estamos ahí para generar una experiencia en el espectador, no en el resto del equipo. De la obediencia a la muerte en escena hay un paso si una se descuida un poco.

Nadie llamaría pesado a un arquitecto que va a diseñar nuestra casa y nos pregunta sobre lo que queremos que haya, y sólo vamos a vivir nosotros dentro de la casa. Por qué hacerlo con alguien que, con suerte, va a llevar nuestra propuesta ante los ojos y el corazón de mucha gente.

Hablemos, preguntemos, miremos, escuchemos y hagamos todo aquello que nos ayude a alimentar la imaginación, que abra puertas a la inspiración y a la vida, que expanda nuestras ganas de comunicar y de llegar al otro. No paremos hasta saber qué quiere contar el proyecto y cuál es nuestro papel en él. Incluso, permitámonos ir más allá y buscar donde no se nos ha pedido para romper nuestros propios límites y crecer. Hagamos lo que haga falta para enamorarnos locamente y desear contar la obra en cada una de sus frases y movimientos, cada día de su vida. Es difícil, lo sé, ¿y qué? Más difícil y menos efectivo es el arte de “adivinar lo que se espera de mí” y lo llevamos ejerciendo mucho tiempo. Atrevámonos a indagar y mostrar lo que era desconocido hasta para nosotras.

(Publicado en Revista Godot. Febrero 2014)