KevinRectWM

 

“De la ortiga del peligro se recoge la flor de la seguridad”

Hotspur. Enrique IV. Shakespeare.

 

La sensación de peligro, lo que produce adrenalina en nuestro cuerpo, nos excita. Los deportes de riesgo triunfan por eso. Las situaciones peligrosas: borracheras descontroladas, conducir de manera temeraria, una situación sexual clandestina, ocultar algo importante por temor a un conflicto… Todas las situaciones de peligro nos parecen excitantes y a menudo atraen precisamente por ello. El miedo y la excitación se expresan de la misma forma en nuestro organismo: el cosquilleo, el subidón, la incertidumbre, la expectativa. Es por eso que a veces los confundimos, que llamamos miedo a cualquier situación que nos excita. Por eso los nervios que provoca salir ante un público nos hacen desconfiar a veces de nuestra propia capacidad de saber llevar la situación. Pero, casi siempre, hemos comprobado que salimos bastante airosos de ahí. El propio hecho de salir airosos, nos proporciona una gran sensación de placer por la autosuperación, y nos va llenando de confianza en nosotros.

Ahora tengamos en cuenta que no hay peligro real a la hora de actuar (a menos que un crítico o un bloguero sin escrúpulos ni humanidad se encuentre entre el público y quiera drenar con nosotros todos sus demonios…). Si somos conscientes de que nada nos amenaza cuando actuamos, ¿por qué sucede esto? El miedo que provocan estas situaciones no es físico, pero es real. Miedo al rechazo, a no gustar, a ser convencionales, a exponer nuestra humanidad, nuestra vulnerabilidad, nuestra crueldad, nuestra mezquindad, nuestra dulzura, nuestra violencia, nuestra sexualidad, nuestra necesidad de ser amados. Y cuando digo nuestra me refiero a la propia, la que cada persona es capaz de tener o soñar, y por ello mostrar. No nos enseñan a promover lo que nos hace especiales, sino todo lo contrario, a no salirnos del tiesto del común comportamiento. Pero eso es justamente lo que hace falta que estemos dispuestos a hacer si queremos que nuestra expresión sea interesante. Es ese el miedo al que hay que enfrentarse. No es fácil a veces, pero desde luego es una de las acciones más placenteras y satisfactorias que conozco. Además de ser de las más efectivas como desarrollo artístico.

A veces con cambiar la palabra miedo por excitación, ya es suficiente para que nuestro organismo se prepare a favor, y no en defensa, de aquello que nos está resultando difícil llevar a término. Al fin y al cabo, es un juego. El juego del autodescubrimiento y de la experimentación. En el escenario podemos experimentar, poner a prueba esas actitudes nuestras que en otro lugar podrían resultar excesivas. Y eso es un privilegio que no se merece ser tratado como un peligro, sino como una oportunidad.

(Publicado en Revista Godot. Noviembre 2014)