DianeRectWM

 

Me sorprende que estos términos sigan aún en pelea para algunas personas, como si el uno anulara al otro. Lo encuentro tanto en actores, directores como productores. No son pocos, ni poco sonados a veces, los casos en los que alguien se jacta de trabajar con alguien que no es actor, aduciendo que con ello se asegura más naturalidad y espontaneidad. Estos maravillosos descubrimientos suelen traer mucha alegría y orgullo al principio y dolor y frustración después al comprobar que esta persona no puede hacer nada más, porque no sabe o le faltan herramientas para enfrentar otros trabajos. Y es ahí donde algunos deciden formarse para poder crecer, o irse por donde vinieron, al comprobar que este oficio no es tan fácil como parece.

Son más de los deseables, los actores y montajes en los que se defiende una malentendida naturalidad en lugar de un compromiso honesto con la profunda sencillez de la vida. De hecho, lo interesante dramáticamente hablando, no son los momentos cotidianos y anodinos de la vida, sino esos en los que algo se conmueve, se rompe o se transforma. Entonces, me pregunto qué interés hay en ver gente hablando de cosas que parecen no importarles mucho. Esto puede parecer una pasada en salas pequeñas e íntimas, pero a veces sucede que al pasar a salas más grandes o esos actores estar en montajes mayores, lo que queda es algo indefinido, diluido o pequeño.

La manera intuitiva de entender e interpretar no muere con la técnica, al contrario, debe crecer. A medida que crecen los recursos y herramientas para afrontar una creación, la intuición se ve más libre y se dispara, acompañando lo aprendido y mostrándole nuevos lugares por descubrir.

Entiendo que no es lo mismo ver a un pianista tocando una pieza que haciendo escalas, o a un bailarín viviendo una coreografía que en la barra entrenando. Sin embargo, en ningún caso menospreciamos la necesidad de una técnica que les ayude a desarrollar sus capacidades artísticas. El entrenamiento en los actores y actrices abarca muchos aspectos y algunos muy poco tangibles, por eso hay tantas y tan variadas escuelas, pero eso lo hace más complejo, no menos necesario. Por eso, apreciemos el valor de la técnica en el difícil arte que nos apasiona, y desdeñemos al que quiere hacernos pasar por arte una secuencia de escalas y el esfuerzo que supone ejecutarlas. Las técnicas están para apropiarse de ellas, y trascenderlas, para que den alas, no para encorsetar; pero una buena técnica personal, es la mejor garantía para una creación sin límites.

(Publicado en Revista Godot. Abril 2015)